Acabamos de vivir una nueva jornada de TELETON, una experiencia donde efectivamente se expresa la solidaridad, que nos hace mejores a todos. Un momento en el que se detienen las agresiones y conflictos, disminuyen los accidentes, los robos y asaltos. Algo extraordinario pasa en nuestro suelo.
Sin embargo la Teletón en su transparencia nos hace también evidente nuestro principal problema como nación. Cuando una familia en Chile, los Luksic, con gran generosidad a través de su aporte familiar y de sus empresas entregan alrededor del 10% de todo lo que reúne la teletón, eso nos está haciendo evidente el que somos un país con una gran inequidad. Nuestra relación entre los ingresos del 10% más rico y el ingreso del decil más pobre es una diferencia de 27 veces, mientras el promedio de los países de la OCDE es 9. Sin duda ésta es la mayor enfermedad que vive hoy nuestro país.
¿Qué modelo de sociedad pudiese ser más justo y equitativo?. ¿Como prolongar el éxito de la Teletón?. ¿Cómo potenciar esa vivencia solidaria en una forma de vida y en una manera de relacionarnos?, ¿Por qué aflora en nuestro país tras las dificultades y los cataclismos?.
Nuestro país con mucha incertidumbre busca resolver las consecuencias de esta situación y sus manifestaciones, sin tener claridad sobre el modelo de sociedad que queremos construir.
Quizás el solidarismo sea una respuesta.
Corresponde a una unión de personas que se organizan con la finalidad de conseguir el desarrollo integral para ellas, para su empresa y para sus familias. La solidaridad puede analizarse como un hecho social y como un deber, ya que su fundamento es el amor, la fraternidad y por ende, es obligación de cada una de las partes involucradas, actuar siempre bajo estos principios con el objetivo de contribuir con el desarrollo social del ser humano.
Esta corriente tiene su origen a fines del siglo XIX en Francia con León Bourgeois junto a otros políticos de su tiempo. El Solidarismo supone una corrección de las relaciones entre individuo y sociedad, incorporando el peso de lo social en todos los campos, superando el individualismo del liberalismo clásico, sin sacrificar al individuo a la sociedad o al Estado. Para ello procura mantener un equilibrio entre sociedad e individuo, entre libertad y derechos sociales.
Alberto Martén, destacado economista y abogado, es considerado el padre del solidarismo costarricense a nivel empresarial( 1947). Este solidarismo ha integrado la familia, el trabajo, la empresa y la sociedad y ha venido a consolidar la democracia costarricense, fortaleciendo su paz social.
Es hora que dejemos de mirar los modelos que nos inspiraron hasta ahora y buscar caminos nuevos, diferentes y recrearlos a partir de nuestra propia experiencia cono nación. Sobre todo si éste modelo tiene como sustento nuestra propia identidad.
Si hemos exportado la Teletón como una gran experiencia solidaria, quizás sea la hora de construir y exportar un modelo solidario de sociedad.


